PROFESIÓN DE LA ESPERA

Espero que me digas
una sola palabra,
una verdad de sed
que no tenga sentido;
dime pan sin fortuna,
rabia, celos, canalla;
soy tu insulto
y me adhiero
a esperar en tus ansias,
a ser la profesión
de tu desprecio;
que más me queda aún,
si me ha escrito el olvido;
si ya no vuelve nunca
la estúpida esperanza.

He vencido a mi mano:
la amistad enemiga;
hoy sólo aguardo, acaso,
levantar mis despojos,
ir camino a la espera,
a regresar sin nombre,
sin batalla ni triunfo,
no volverá el mañana,
no, la navaja la niega.

FELIPE MENDOZA (1968)
Nació en Camacho, San Ignacio, Sinaloa (México), en el año de 1968. Es licenciado en literatura hispánica por la Universidad Autónoma de Sinaloa, además créditos de maestría en lietartura mexicana por la UNAM. Tiene en su haber los siguientes libros de poesía: Acertijo de color, Fatiga para la luz, Fruto de soledad, Los vientos enemigos, Temas literarios (libro de ensayos de literatra hispanoamericana) y últimamente publicó Definiciones perennes en la Editoral Cascahuesos editores en Perú. Es profesor de Literutura hispánica en la Universidad Autónoma de Sinaloa.

EL ADIÓS

Fuensanta, dulce amiga,
blanca y leve mujer,
dueña ideal de mi primer suspiro
y mis copiosas lágrimas de ayer;
enlutada que un día de entusiasmo
soñé condecorar,
prendiendo, en la alborada de las nupcias,
en el negro mobiliario de tu pecho
una fecunda rama de azahar.
Dime ¿es verdad que ha muerto mi quimera,
y el idólatra de tu palidez
no volverá a soñar con el milagro
de la diáfana rosa de tu tez?

(Así interrogo en la profunda noche
mientras las nubes van
cual pesadillas lóbregas, y gimen,
a distancia, unos huérfanos sin pan.)

De las cercanas torres
bajo el fúnebre son
de un toque de difuntos, y Fuensanta
clama en un gesto de desolación:

“¿No escuchas las esquilas agoreras?
¡Tocan a muerto por nuestra ilusión!
Me duele ser cruel
y quitar de tus labios
la última gota de la vieja miel.

“Mas el cadáver del amor con alas
con que en horas de infancia me quisiste,
yo lo he de estrechar
contra mi pecho fiel, y en una urna
presidirá los lutos de mi hogar.”

Hemos callado porque nuestras almas
están bien enclavadas en su cruz.

Me despido… Ella guía,
llevando, en un trasunto de Evangelio,
en las frágiles manos una luz.
Pero apenas llegados al umbral,
suspiro de alma en pena
o soplo del Espíritu del mal,
un golpe de aire marea la bujía…

Aúlla un perro en la calma sepulcral…
fue así como Fuensanta y el idólatra
nos dijimos adiós en las tinieblas
de la noche fatal.

RAMÓN LÓPEZ VELARDE (1881-1921)
Poeta mexicano.