Un “estudio revolucionario” (opus 12) – Sobre F. Chopin, por Washington Benavides

Pretendo agavillar lo que dejó el músico polaco, aunque reconozco mis limitaciones (por más que haya revuelto en bibliotecas) en escritores desde el Simbolismo al S.XXI. ¿Qué ofreció, como imagen, qué pobló con su piano, antes y ahora?. El artista gira siempre en el tornado de la moda. Cocteau diría: “El corazón no se lleva”.

Y esto aunque suene a frívolo, está sonando. Claro que Chopin no fue sólo el pianista magnético de los palacios de los Radziwill de Varsovia o la mansión de los Rothschild de Viena o de París; es cierto que fue “un dandy modelado en espuma de mar”, como expresó el escritor polaco Jerzy Broszkiewicz, en su obra “La forma del amor” dedicada a Chopin.

Con precisión perfila el Chopin mundano, pero a la vez nos muestra que el artista vivía, desde su obra, el drama de su época, la convulsión terrible de Europa, y de su patria. Mientras en París sonaban los acentos de La Marsellesa, en los arrabales de Cracovia se elevaba el himno de La Varsoviana. En sus mazurkas, en sus estudios, en sus nocturnos, Chopin hablaba, en el único lenguaje suyo, de lo que aprendió de aquellos sufridos coterráneos, que sus amigos blasonados pretendían ignorar. Sí, en fina calesa con sus amigas (baronesas, princesas o escritoras) paseaba, elegante y mundano, el otro Chopin, frente al mueble oscuro y de cola, quemaba los años que todavía le restaban. Después del: “Por encima de todo la música” que aventuró el “liróforo celeste”, Chopin, Wagner, Schumann, imantaron las páginas de los simbolistas y sus herederos latinoamericanos, con Julio Herrera y Reissig a la cabeza, y, con respecto a Chopin, alguna muestra en Lugones y Darío.

El ícono musical era Richard Wagner. Pero en el S.XX, el poeta, traductor y novelista, Boris Pasternak, en un bello poema “Noche invernal” recuerda al músico polaco: “Como Chopin hizo en días remotos/ vivo milagro del aldeano paisaje –tumbas, parques, sotos- en sus estudios para piano.”

Y en las antípodas, Gottfried Benn, el poeta y médico alemán, en su poema “Chopin”, registra un hermoso e impiadoso retrato, tal vez, un retrato certero. Por aquello que escribió Cassiano Ricardo. Eso somos: ”Un hombre que siente hambre como cualquier otro hombre”. Gottfried Benn transcribe un pensamiento de Chopin: “Mis intentos han sido cumplidos en la medida de lo que me fue posible alcanzar”.

Un poeta uruguayo (si viene al caso, yo) desde muchacho sintió las polonesas y mazurkas de aquel muchacho, nacido en la aldea de Zelazowa Wola en 1810; que lloraba de bebé oyendo música, y que nos pasa, una fraterna mano, desde el radio donde gotea el Preludio en Re bemol,”La gota de agua”.

Dandy (como Gerard de Nerval y Baudelaire) en Mallorca, con George Sand y su hemoptisis, oyendo discusiones infinitas, mudo como el teclado de su muerte.

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